Dios, es que me podría pasar horas hablando de él.
De su sonrisa, esa que al parecer sólo me dirige a mi.
De su mirada, tan profunda, tan... enamorante. Diós (cursilerías las justas).
Y mira que puedo aceptar que es... bueno, no muy guapo. Y sin embargo hay algo, algo allí que me llama y me dice: ¡Eh! Mírame, soy para tí, estaba echo para tí.
Y cuando le beso y no puedo parar de hacerlo, cuanto siento su lengua rozar la mía, y abro los ojos y me encuentro con los suyos cerrados. Y cuando me quedo minutos mirándole fijamente, y cuando él me mira a mí, aparto la vista azorada. Es increíble.
Cuando siento su gran mano rodeando la mía, enredándose en mi pelo, y escucho a mi propio corazón palpitando a gran velocidad.
¡Uf! ¿Y cuando me mira por encima del hombro y me llama enana? Entonces sólo puedo reírme y enamorarme más de él. Lo mejor es cuando empieza a reirse por algo que yo he dicho y se intenta convencer a si mismo: 'Soy el mejor'. ¡Creidooooooooo!, le suelto yo. 'Quejica', me dice él. Y de nuevo estamos en esas pequeñas peleas que siempre acaban igual, con un: mejor vamos a dejarlo... Y bueno, otras cosas.
Cuando sí que no puedo resistirlo es cuando me acaricia. Estoy por agarrarlo y matarle a besos allí, donde sea, en ese instante. Pero a veces hay que aguantarse, ¿sabes? Es difícil.
Y hoy, por primera vez, me ha dicho la fórmula mágica.
¿Cuanto rato hemos estado hablando por teléfono? Ni idea, sólo se que el tiempo con él se me pasa volando.
-Bueno, voy a colgar ya que estos están impacientes ya por irse.
-Venga, vale... Ya hablaremos ¿no?
-Claro, te llamo mañana... O cuando sea.
-Hmhm. Adiós...
-Adiós... te quiero.
(Shock. ¿Me acaba de decir te quiero?)
-¡Yo más!
(Llamada desconectada y sonrisa de felicidad)
ÉL.
No hay comentarios:
Publicar un comentario