-Cierra los ojos.

-¿Así?

-Exacto, muy bien. ¿Qué sientes?

-Noto... Siento una brisa.

-¿Una brisa? ¿La oyes?

-Sí. Creo que la oigo...

-¿Qué te dice?

-No lo sé... Hay canciones en el aire.





domingo, 31 de octubre de 2010

Dios, él de nuevo.

Dios, es que me podría pasar horas hablando de él.
De su sonrisa, esa que al parecer sólo me dirige a mi.
De su mirada, tan profunda, tan... enamorante. Diós (cursilerías las justas).
Y mira que puedo aceptar que es... bueno, no muy guapo. Y sin embargo hay algo, algo allí que me llama y me dice: ¡Eh! Mírame, soy para tí, estaba echo para tí.
Y cuando le beso y no puedo parar de hacerlo, cuanto siento su lengua rozar la mía, y abro los ojos y me encuentro con los suyos cerrados. Y cuando me quedo minutos mirándole fijamente, y cuando él me mira a mí, aparto la vista azorada. Es increíble.
Cuando siento su gran mano rodeando la mía, enredándose en mi pelo, y escucho a mi propio corazón palpitando a gran velocidad.
¡Uf! ¿Y cuando me mira por encima del hombro y me llama enana? Entonces sólo puedo reírme y enamorarme más de él. Lo mejor es cuando empieza a reirse por algo que yo he dicho y se intenta convencer a si mismo: 'Soy el mejor'. ¡Creidooooooooo!, le suelto yo. 'Quejica', me dice él. Y de nuevo estamos en esas pequeñas peleas que siempre acaban igual, con un: mejor vamos a dejarlo... Y bueno, otras cosas.
Cuando sí que no puedo resistirlo es cuando me acaricia. Estoy por agarrarlo y matarle a besos allí, donde sea, en ese instante. Pero a veces hay que aguantarse, ¿sabes? Es difícil.

Y hoy, por primera vez, me ha dicho la fórmula mágica.
¿Cuanto rato hemos estado hablando por teléfono? Ni idea, sólo se que el tiempo con él se me pasa volando.
-Bueno, voy a colgar ya que estos están impacientes ya por irse.
-Venga, vale... Ya hablaremos ¿no?
-Claro, te llamo mañana... O cuando sea.
-Hmhm. Adiós...
-Adiós... te quiero.
(Shock. ¿Me acaba de decir te quiero?)
-¡Yo más!
(Llamada desconectada y sonrisa de felicidad)

ÉL.

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